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Transcripción del video
Imagina que Alice tiene una idea y quiere compartirla. Hay muchas maneras de compartir una idea. Ella podria hacer un dibujo, o un grabado, o escribir una canción. Enviar un telegrama... O un e-mail. Pero, ¿en qué sentido son diferentes estas maneras de comunicarse? Y, lo que es aún más importante, ¿Por qué son lo mismo? Esta historia es acerca de lo fundamental en todas las formas de comunicación. Y empieza por una habilidad especial que a veces valoramos poco: el lenguaje. Todos los lenguajes te permiten tomar un pensamiento o un objeto de tu mente, Y partirlo en una serie de bloques conceptuales. Estos bloques se manifiestan usando una serie de señales o símbolos. Los humanos nos expresamos usando variaciones del sonido y de la acción. Como el canto de los pájaros y el baile de las abejas. Y las máquinas intercambian un flujo de vibraciones eléctricas. Hasta nuestros cuerpos están construidos de acuerdo a instrucciones dadas por el ADN. Todas éstas son diferentes formas de una sola cosa: información. Dicho simplemente, la información es lo que permite que una mente influya en otra. Se basa en la idea de la comunicación vista como selección. La información, no importa cuál sea su forma, puede medirse usando una unidad fundamental. Del mismo modo que podemos medir la masa de diferentes objetos con medidas estándar como kilogramos o libras. Esto nos permite medir con precisión y comparar el peso de, digamos, rocas, agua, o trigo, usando una balanza. La información también puede ser medida y comparada usando una medida llamada entropía. Pensémosla como una balanza. Intuitivamente, sabemos que una única página, de cualquier libro, tiene menos información que el libro completo. Podemos describir exactamente cuánta, usando la unidad llamada bit. Es una medida de la sorpresa. Así, no importa cómo Alice quiera comunicar su mensaje específico, en jeroglificos, en música o con código de computación, cada uno de ellos tendría la misma cantidad de bits, sólo que en diferentes densidades. Y el bit nos lleva a una idea muy sencilla: La respuesta a una pregunta de SÍ o NO. Pensemos en esto como un lenguaje de las monedas. ¿Cómo se mide realmente la información? ¿La información tiene un límite de velocidad? ¿Una densidad máxima? La Teoría de la Información tiene la respuesta a estas preguntas. Es una idea que lleva más de tres mil años gestándose. Pero antes de poder comprender esto, necesitamos dar un paso atrás, y explorar la más poderosa invención de la historia de la Humanidad: el alfabeto. Y para esto regresaremos a la caverna.